Hermano Mío
Fuiste reclamo alarde,
ola, tu ronquido pecho
soplo arcaico, eco vidriado.
De tu cima de arena,
polvo rebelde estallaba
de cielo, aire, llamarada,
fuegos rojos, ícaros de sangre
Pretendías aún así presunto
precisar de vida al silencio
y te ibas consonante,
condoliendo de muerte
a tu vida que
era de muerte.
De simulacro vivías,
y no temías, ni redimías,
tus enojos consumías,
tus iras destruías,
tu aliento obstruías.
La muerte te sorprendió
un día de silencio.
Dios estuvo enfermo
ni él pudo evitarlo,
ni su pendón, ni yelmo,
los heraldos negros sesgaron
ron, antorcha en él,
dormido capituló ante tu último réquiem
ahora duermes por siempre
y sueñas,
ni señas
¡nada! ¡nada!
Eres ya solo un eco,
retazo de un muñeco,
que se esfuerza por hablar
que se ciega por mirar,
que se aloca porque
su alma salte a caminar.
E.C.L.
Poema II
A la mañana encuentro
triste y desolada cada día,
se baña de un malestar gris
y se dilata junto a la tarde
en un alpiste tirano de tierra.
Menstruada la pieza y el objeto
se masturban presos dos alientos,
que inhalantes saturan a la calle
de un podrido, asqueado viento.
Los fríos dientes se hielan
y glacialmente se agolpan de nueces,
se degenera un sagrado orden,
y la molécula de la vida.
se salva de morir acuchillada
deletreando entre sílabas mudas
su origen y nombre ya fenecidos.
Surge una escaramuza feroz
dos fuegos, dos calientes istmos
se combaten de arriba abajo,
de lado a lado
y no pudiendo contenerse,
vuelven a morir al sablazo ordinario
de un espectral caballero sin luz.
A oscuras tiento-me en mi faringe,
y un ronquido de roca feroz,
golpea lacónico mi corazón,
sacudiendo sus rieles de extinción,
socavando su vándalo angustiar
de truenos mayores y menores.
A la noche en que me escudo,
la descuartizo a voces
y un infinito ruego me dirige
a mi tálamo vacío,
y de riego a mi solitario río,
caudal en que yacen
mis sueños vencidos.
E.C.L.
Poema III
Un río de seda
corre en tus manos
púdica, briosa,
atienes su caudal de oro
a tu corcel de llano.
Río de cristal luminoso,
fulguran sus aguas
de fósforo
relucen sus piedras
a sus costados.
Las orillas brillan
a sus lados,
lo contienen en tus manos,
su caudal ruidoso,
su cantar lloroso,
lo aprisionas en tus manos
y se derrama...
y se escapa...
galopea incesantemente
y arrastra consigo
las aguas niqueladas,
huellas de caminos,
lloros roídos,
tramos eternos.
E.C.L.
Poema IV
Me sonríe la luz aciaga del tiempo
y el silencio de alborada
entristece mi ira
hasta derramarla en miel
amarga y helada.
Un surco húmedo seca un aliento eterno
y la lluvia estrellada fulgura su pena
derramada en la sombra estatica y morena.
En péndulo salvaje, la mañana y su día
acuchillan a la noche que cae vencida
de cruel herida.
Mi sollozo corona este vertebral impulso
de correr hacia atrás, de huir, de perderme,
entre dos sombras
que se enlazan ritualmente.
De sosiego me palpo y mi timidez alegra
este lloro sublevado,
quijarudo, ostentoso,
cabizbajo, portentoso,
recuento el tribal sudor
que empapa mis yemas,
mojando mi destino.
Destruyo mi mañana
hoy y empeño mi solaz rezo
al fugaz clamor criminal
de esta oración sin principio,
y que de final ostenta
su cuerpo inédito,
su cuerpo impertérrito.
Las gaviotas huyen al día y yo
me refugio de noche
cuando macerado mi reflejo
me amortigua de golpe
y cercena la roca
al acero rabioso
de mi quejido abismoso.
E.C.L.
Poema V
Hunde el aire mi sombra
afuera huele a silencio
cansada, pausada, temerosa
mi sombra me conduce
a su acogedor predio
a su solaz tedio.
Enfermo de estos días
todo mi yo se ensaña
con la risa mustia
de una mística rosa
que pudre su aroma
enmarcada, solitaria,
a la penumbrosa sombra
de un prado amarillo,
deshojado, desolado.
Los canos vientos se filtran
a mis sienes llorosas,
palpándose en retirada
sus andrajos sutiles,
rellenando a mi amargura
de comida débil,
de fruta pobre, pobrísima.
Anochece tranquilamente,
mis brazos se enlazan
como serpientes ávidas
afuera a las calles,
mi aliento vuela hacia
los árboles indómitos
mi frente se crispa
en humos que hierven
sus siluetas cotidianas.
La noche se quiebra
en láminas
y se reduce en velos
su espesa negrura.
Prosiguen las horas, los días
el incansable tiempo,
la vida se detiene,
le gana,
en cada pulso,
en cada instante,
cada cerrar de ojos.
La rivalidad de ellas
corre en mis venas,
se aloja en mi fémur
se eterniza en mi idea.
Afuera gime la soledad
se suplica de vino,
y se suman dos fuegos
a una cruel llamarada
que quema lentamente
este sollozo frío y espantoso
que cuajarse quiere
en mi frío, helado, glacial,
artrico afiebrado.
E.C.L.
"Cuando al rayo me acostumbre
te hallaré
me hallarás.
Mientras entre la noche y el día
me encamino
hacia tu esfera"
Mantero
Poema VI
La noche camina
sobre partículas de fuego,
se dirige hacia un mar
sombreado de hielo.
La tarde se sucumbe
de soles vagos,
y la mañana atardece
y reverdece de regalos.
A pie, cansado, sudoroso,
recuerdo los caminos olvidados
y una lluvia estival
simboliza un eco mutilado.
Tus manos sumisas aparecen
moldeando un sueño derramado
y un cristal carnal y recto
se pudre en lunas ojerosas.
El mar, el cielo, la vida,
todo es suspiro agobiado
y el esmalte desnudo
brilla y opaco se derrumba
ante un oleo acrisolado.
De pie, mis pies acabados
musitan su rigor de verano
y la luz metálica, briosa,
se atenúa de un vapor anegado.
Mis manos antes gaviotas mensajeras,
flores de peñascos,
desnudan sus pieles,
asoma el alma de alba,
y eternas muerden su bocado,
fruto eterno y pálido
de un semiseco hastío consagrado.
Mis labios tiesos,
saborean un color de cubo,
se reflejan el mar, su cielo,
en un rústico y absorto
matiz atribulado.
E.C.L.
Poema VII
Como se pierden venas
entre raudales de aire,
el aire ¡Cómo tan gris!
se torna y se expele
callándose de ruido.
La finta se pinta,
y enmudece al
cálido comentario angustioso
de un vino tinto.
Y se destiempla un congojo
de culpa, mediata criatura
alvéolo que se finge erecto
y cae perpendicular
hacia su propio hoyo
su propio hueco.
Y se arenizan recuerdos,
y se maltratan ecos,
robustos cuerpos de nieve, heridos,
traspasados de candente delirio,
reventándose en mares
de lirio y de lino.
El trozo chorreado
bailotea y vuela compungido,
rencoroso, atribulado,
un insomnio que duerme,
entre sabanas de vidrio y ámbar,
y susurra a su oído culpable
su metamorfosis de mirar abierto,
a mirar sombrío.
Se pierden venas
que no enlazan
sus cintas púdicas.
La mía se arruga
De pena y solloza.
Llorar, su llorar,
de abominar su pasión.
Locamente condenando
este nardo día que lacónico
me entromete en su parcela
de tiempo,
para caducarme de desvío
y silencio.
E.C.L.
"Siembro quimeras
y al paso de ellas
descubro lo irreal
que se siente
al siembro de ellas.
Y sigo estudiando
los días,
todas las mañanas.
E.C.L
Poema VIII
La noche está profunda
y callada,
un remanso de paz
emana de ella
tu figura, tu risa,
se escapan con prisa.
Y ya eres un recuerdo,
aquí en este rincón,
aún en el aire,
puedo escuchar tu voz.
Tu voz mansa callada,
quebrada de emoción,
pero no estás, no estás
y ya eres un recuerdo.
Mi vida renace a tu encuentro,
un siglo de amor
cubren mi alma
de pelos a pies.
Y al impulso de tu amor,
te miro, corro, te tomo,
en mis brazos, mas es noche,
ya no como aquellas,
en que nos perdíamos,
en su inmensidad.
Es noche, es paz, oscuridad,
y no estas,
y ya eres recuerdo.
Aún me parece verte
fresca, lozana, curiosa,
esperando juntos la noche,
la noche triste, callada,
que solíamos alegrar,
la noche derramada
que solíamos amar.
Y te busco y no estás,
y ya eres recuerdo
y ya eres un recuerdo
y ya eres un recuerdo mas.
E.C.L.
Poema IX
Llueve, llueve intenso
llueve a mil,
huele, huele a incienso
y mirra también,
los vapores se nutren
de un vago festín,
cae agua en el recinto
y afuera se unen
más lloros por ti.
Llueve, llueve, es un decir,
vuelve, vuelve, es un sentir,
la noche, la lluvia,
se funden alegremente
despliegan su alevoso conato,
su malévolo innato.
Por ti el cielo funge
su cariacontecido acento
y se recortan pálidamente
su lloro atrasado
su rezo adelantado.
Llueve, llueve, afuera
la tristeza rebuzna
su eco estentóreo
y milésimamente
el suspiro, cuaja su acero
en aquel rincón vacío.
Llueve, llueve a cántaros,
que estúpido es el día,
es triste, sufre también,
como yo tu lejanía
esta porfiada letanía
está agresiva armonía
de llover y llover todo el día,
¡todo este maldito día!
E.C.L.
Poema X
Lacónicos tus símbolos
abdicaron su raíz serena
para columpiar sus ímpetus
en la calle sola y fiestera..
Su raíz deforme, recortando
el enorme silencio
acallando el derramado vacío
inundose de agua y llamas.
Afuera gimen los vientos,
y solloza su eco un silencio,
se desata el roto verano
en un cuarto frío, helado.
Callan las pirámides,
los obstáculos absortos
vierten un calor menguado.
Se funden los sueños,
despiertan pesadillas ojerosas,
reclaman su lecho vacío,
tus sabios temores decantados.
E.C.L.
Poema XI
El pómulo se endereza
se acrecienta y perece
ante tus ruegos,
resocea figura,
permanente, movible,
ciegan las luces sordas
y nos encantan los reos
lindos de tu calle sombría.
Así alimento somnoliento,
mi cruz de muerto,
mi faz vacía,
mi sueño eterno.
Pordiosera ilusión,
que mata, hiere, ¡cruel razón!
y sudo frío milésimamente,
este calor antiguo,
que se amortaja de lino
y regresa de su ayer
a su vacío.
E.C.L.
Poema XII
Para cuando no estemos
debemos,
seguir cosechando
muchos soles blandos,
debemos de recoger
aún la miel anacarada
aún amarga de tantos
sueños frustrados.
Luchando, seguir de frente,
de costado, boca abajo,
aterrizando
sobre prados sumergidos
en pétalos de cielo.
Echar pasos antiguos
sobre nuevas calles,
rociar la lluvia
de un fértil verano recordado.
Debemos, renunciar de tiempo,
saciarnos de vida,
aniquilar la tristeza
trepidando sobre alegre
suelo.
Descartar de sombras
frías,
a muchos claros
días,
remontarse eternamente
impulsado en sagrado
vuelo.
Seremos recordados,
seremos nostalgia
seremos sueño
que sobrevivió muchos
veranos e inviernos,
paz y guerras,
soledad, destruccion.
Recuerda: cuando el árbol
quieto su raíz pueda
hacer crujir,
cuando ya no estemos
hermano,
cuando mi sangre
no caliente el aire
y el prado la ignore.
En la magnitud inmensa
de un puñado de tierra
mi átomo, mi credo,
mi sudor desbordándose
será símbolo,
y seremos recordados.
E.C.L.
Poema XIII
En un oasis. Acertó la diana,
dos veces. Quieto ahí
en la arena, mi llanto y el aire.
Estaba triste,
debía entristecerme,
acecho débil, estrecho,
salí.
Oscilaba en mi mente
un portal de treces,
inmaculadamente, diluyéndose,
presos, en aquella soledad
aural, tribal.
Invadí
aquel recinto.
Un distante galopar sombrío,
siguióme anhelante,
en la tarde petrificada,
inmolando al fuego su llama,
implorando al agua
un eco de vapor,
invitándole al vino incierto
su fondo lleno de cactus.
Estaba allí inédita,
sombreado espejo albicante,
estabas allí imprecisa,
alumbrando mi lirio seco,
partido en dos: vivificante,
estabas roída, obsoleta,
virgen de uña y carne.
Ofrendando de tu parte
tu sexo y su rizado diamante.
Afrodita azul,
celestina rural,
que al patio cirios ofrendaste,
eres hoy un sueño mutante.
Aún en el desierto
me vierto en su veneno
calcina mi sangre
y rocea de sombra mi anhelo.
Caigo al vacío de tus ojos,
ojos saltantes,
luna de antes.
Noche ansiosa y lejana
brillas en la estepa
como esfinge disecada,
y un aroma de aurora
martiriza este asedio
banal. Permanecer
entre tu sombra
y esta superficie volcanizada
es refrendar al no
de la nada,
es acallar esta mirada
que se pierde triste
a lo lejos, del oasis,
del desierto,
de la estepa derramada.
E.C.L.
Rezo
Sobreviviendo, sobreviviendo,
a la noche,
a los días
a la misma vida.
A las varias calles,
que se pudren afuera,
de sus mismos colores.
Al fuego lento que calcina,
de lluvia,
la imagen dolorosa
de este oscuro día.
Sobreviviendo tempestades,
cuantiosas sumas de agonías,
lunáticos meses de hortalizas,
flemáticas muecas risueñas,
llorosas, miedosas, penosas.
Sobreviviendo amores,
viejas ilusiones,
ser peñasco que derrite
su miel amarga.
En el vasto mar,
de tus grandes ojos,
espejos que reflejan,
mi vida desolada.
E.C.L.
Padre
Mi padre y un aire
sereno
descansan allá afuera,
se magullan acariciándose
los vientos del este,
y una suma de verano
florece en este invierno.
Los campos desalmados,
amenazan desvestirse
y mostrar sus pobrezas.
Mas la sed serena los contiene.
El mar agitándose
quiere también despeñarse
ante la pena enorme
de ser flujo
y no roca.
Tempestades venideras
se avizoran a través
de este vino decantado.
Que se consume en bocas
ávidas de hambruna
y larga tristeza.
El padre mío
ignora ignotas sorpresas,
tranquilo muerde sus años,
le sonríe a su pasado,
y recuerda a su muerte
ocurrida dos días después.
E.C.L.
Colores Ciegos
Un viento azul brinca,
sobre mis ojerosas dudas.
Su metálico rubor,
deambula melancólico,
como brisa verde, perdida.
Lo mágico del momento,
es esta furia gris,
que amarilla mi pálido
aliento.
Y sublimiza el marrón
eco,.
Que se calcina rojo
y arde
haciendo crepitar el rosado
furtivo
de mi blanco pecho.
Las rubias cerezas,
le devuelven a mi vida,
un morado golpe estudiado,
y un negro sabor
encantado,
Detiene a la noche
cruda,
y la vuelca sobre
el día
columpiando sus plateados
pétalos
de pena llorada
y dorada.
E.C.L.
Gruesa Soledad
Un extremo de aire seco,
se crispa en un ruego,
su latitud ciega,
se observa iluminada
de meteoros encontrados.
La belleza mística del punto,
hunde entre si su sílaba,
y un pobre acento extraño
golpea de un ronquido mágico
al extremo vacío de tu voz.
El espasmo sereno de luna,
se yergue sombrío, y de penumbra
acaricia un solitario istmo
que une tu escarpado talle,
al voraz y descalzo muelle mío.
Lo veleidoso del momento,
se nutre en naranjas,
de su néctar, su manjar,
su dulzor, su amargor,
su símbolo y nítido
aroma derramado.
Todo cunde en destellos,
el no vivir en 24 horas,
lo que se vive en una,
el recuento anudado,
de un siglo amordazado.
El viejo cofin descalzo
que espera en su fondo
mi peso y espectro anillado.
En la comarca del tiempo
la vida y su hora
comulgan y se hartan de hostias,
que no perdonan si no castigan,
al reloj desalmado.
La sien escupe palabras,
y entonces se suceden vicios,
y estepas a lo largo y ancho,
de este suave marco blando.
La poesía se toma simple,
la palabra y su trabajo,
la palabra y su efecto,
la palabra escrita,
reflejo sudoroso,
candor armonioso,
eco doloroso.
Dos vientres sujetan,
un orden callado.
El aire de sombras,
Vuela compungido,
y trata de arrullarse
al paso de un viento olvidado,
o una brisa de eco y risa.
Nada supera este clamor
rosado,
esta esfera sujetada
a su punto infinito.
Es un polvo en el viento,
que se recoge arrullado,
por gruesas lágrimas,
de este llanto universal,
que hunde su grave tono
en la escala filosa,
que corta el aire en dos,
y cercena de tajo,
al mundo en Dios.
E.C.L.
Bosque Amargo
Tengo incienso
en la cabeza
y de mi mente
lava seca escapa
copiosamente.
Un lamento de oro
nace de la plateada comunión
majada de garfios
y grises espoletas.
Mi interior estalla
de floreados rayos
que crepitan de tibiesa
y se arrullan de maleza.
Dos bosques a mi costado
dos de un color castaño
rompen de su único árbol
un trazo de brazo y leña
un trozo de polvo y pena.
A lo lejos, un hombre camina
y destiempla
del aire un congeloso
amago.
Tras sus pasos
arremete
su pasado vencido.
un cruento relicario
se remueve de noches
se revierte de credos
y se angustia
de sólidos roces.
E.C.L.
Telar
Y yo pudiera
tejer un telar
de sueños.
que anude tus tactos
con los míos.
en desenfreno.
Sin paraíso,
sin infiernos.
LOS DOS
Y nuestro común
análisis
de doblarnos al uno
de separarnos
del borde infinito,
de este casto acero,
que mora en mi
espalda,
y hiela la espalda
de mi sombra.
E.C.L.
Sombras
Cuanto crece el deseo
de mi tacto
por palparte
cuanto sube el fuego
que asciende y oscila
de ardor
acrisolado,
y se espasma a tu espalda
que llora su verano.
Cuanto produce esta
migaja,
de su pan envenenado
por insólitas harinas
paridas de un trigo
triste y derrotado.
¡Oh! Tu ternura, tu finez
de eterna finitud,
tu sombrío vapor
que arde y equivoca
de camino
al no parearse
a mi sitio designado.
¡Ay! Que tantos los relojes
sin poder capturar el tiempo,
que valen las sonrisas
si no derroto esta
tristeza.
Que tanto el fuego, el trigo,
la harina calcinada
si no podre emboscarlas.
Que tanto tu finez, tu vapor,
si nunca podré menguarlos,
ni menos rosearlos.
Entonces prefiero partir
a la noche
y dejarme caer a la
quebrada honda
que me lleve al
destierro
inmenso de tu insólita
alma de hierro.
E.C.L.
Partida
Se acerca la hora
de partir.
El llegar ya nunca
será
una constante.
Mis huesos mudaran
sus carnes cansadas,
el piso descansará de mis pasos,
y el polvo del viento
sacudirá sus partículas
a través de mi aliento
doloroso.
El cuarto vacío vestirá
sus días
de infinita soledad,
habrá nueva oscuridad,
y esta cama en que
escribo
se mudará de domicilio
o morirá de descuido.
Se acerca el día
y su partida
ya no más rojos
días
ni negras noches sin
luna
ni vacíos temores,
ni lacónicos hedores,
ni desnudos amores.
Se acerca la noche
en que se apagará
la llama infinita
de esta agonía
de ser ave de paso
o triste ánima
con el alma partida.
E.C.L.
Rito
Cansado, sudoroso,
melancólico.
Con el alma prendida
en mis venas,
traté de consolar
a mi vida.
Mostrándole mi felicidad
perdida,
en la tierna rabia
de mi dolor,
traté de decirle, de
explicarle
que todo está perfectamente
bien.
Que, como barco en deriva
al fin y al cabo,
un nuevo horizonte aparecía.
Cuando ya esta todo
perdido,
la vida, las sombras,
los días, las horas, el tiempo,
TE RECLAMAN.
Menos la muerte que
agazapada espera
por su bocado de
vida eterna.
E.C.L.
Militancia
El expresar de mis venas
su viático penar,
el expresar de mi sangre
su político coquetear,
su leal avatar
su filial caminar (rechazar).
Es la enzima
emblemática
del discurso
y su palabra.
Que a tiros
Descarga
su parabólica
distancia
su rígida
militancia.
La mística rosa
que empeña su aroma
hacia el centro
a la izquierda
a la derecha,
y a la mirada
caótica del universo.
Adherirse, siempre, siempre,
reclamarse, siempre, siempre,
desengañarse, siempre, siempre.
Tiempo de cosechar
tiempo de luchar
esta guerra sin tregua
de elegir a la derecha,
al centro,
por la izquierda
¡siempre!, ¡siempre!, ¡siempre!
E.C.L.
Madre
La madre ausente aparece
en el sueño,
y reclama su derecho
de presencia eterna
en el altar de mi vida.
Muerta la vida
tras su partida
el eco de su aliento
desemboca en el aire
sombrío de su recuerdo.
Y reclama su néctar amargo
y dulce en sol
de destierro afiebrado.
la sílaba sonora inepta,
trasluce su nudez infinita,
cuando de ella tonos
musicales empapan
a la noche,
de un vértigo amoratado.
La madre ausente
está toda en la nada
y sin ella vacía la forma
su fondo la reclama
en su blusa, su reloj,
su alegre sortija, su triste sonrisa,
su infinito lecho
vacío.
Dispersos nosotros como
pústulas invisibles,
como polen se derrama una lluvia
en su búsqueda,
se crispa cada rincón
del mundo,
se tienta el universo,
se ausculta el cielo,
se tacta el orbe insólito.
La madre ausente
huye al concilio
y delirio
de saberla ida
de saberla en huida.
Madre tu canto
Ya no alegra
Mis noches vacias.
La madre se enlaza
a sus brazos caídos,
su mirada airosa, fija,
es cristal de hielo,
sus pómulos de acecho
hincan en sus ojos
miradas crueles,
en desbrojo.
Seas madre el alma
inmensa
del panteón glorioso
de mi vida
y tu matriz
la alcoba donde viví
lo mejor de mí.
E.C.L.
Preso
Crecen de llagas
mis huesos
se vierten flores
al paso del viento.
Un muro de voz
contiene tu silencio,
y se desliza de miedo
tu partida y su
incienso.
Crece de vida
mi cuerpo
se nutre de albores
el futuro incierto.
Un cuajo de sed
se empapa de lluvia
y revienta en algas
el océano azul, su cielo
estrellado.
La pena inmensa
camina angustiada
en pasos, hundiendo su
peso
calcinando su ardor fragoso
saboreando un calor
meloso.
Crecen de muertos los
prados
las flores revientan
en pétalos
y un duelo de
nardos
se amortajan de senderos
opacados.
Crecen de vida
mis días,
crecen de muerte
mis flores,
un gentío de voces
nace de bocas mudas,
y un coro de silencio
encantado,
hace resonar
un grito
que alegra a la calle
y desliza como ventana
a la sombra,
que se cuelga como
pálida luna
entre tus sueños
y mi estrepitosa
locura.
E.C.L.
Sueños
Si los sueños hablaran
se dirían
ecos de sombras,
y si la noche se callara
de tanto hablar,
los pájaros y su trinar
la consumirían
de vejez y pesar.
Si el tiempo hablara
se consumiría en
palabras,
así se explicarían
los huecos desmedidos
que producen las olas
sumergidas del viento
que cavan y hoyan
al agujereado universo.
La espera, la llegada,
el partir, regresar.
El vivir, el morir,
el nacer... permanecer.
Idéntico hasta el final
candoroso.
De este capítulo
efímero,
de este abstracto
lloroso.
E.C.L.
Dentro
Dentro de mi
todo se cuece verde.
Como la pálida
Inmadurez,
de este día y su viudez.
Mientras sonríen las
hostias,
su cetrino aliento,
los pétalos de la noche
matizan de vino y peras
a la mañana sincera.
Caminar, caminar, escondido,
deambular entre árboles
y cemento
le dan al alma
su lección urbana.
El agua se quiebra
en dos
y un líquido gris
emana de ella.
Expulso un verde aroma
cuando se sientan
mis ligas
sobre mis alegres zapatos.
Cuando mi alma
sostiene mi humanidad
jadeando su más caro
aliento.
Entonces... jalo al ruido
y desaparece
mi faz trasera
y para abajo
mi entero yo.
E.C.L.
Vacío
La noche, la calle, afuera
la lluvia.
Esta lucha diaria
con las horas.
Las malditas horas.
Duermo, sueño, levanto,
y pienso, pienso.
Recuerdo, y recuerdo el futuro,
nada me ata a tí,
nada me cubre de ti.
La soledad y su espejo
sangriento,
esmaltado con mi sangre,
mi figura al revés
se trasluce de él.
Salgo, afuera, las gentes,
frío helado,
mi mente gira,
y ya estoy en
un caliente
ISTMO.
La pena de Rimbaud
me sacude,
y de tanto leerlo
me tiento por dentro,
para encontrarlo tibio
pero ya sin aliento.
La noche, la calle
las horas.
La vida desnuda
que espera mi muerte
y hoyo.
Donde al fin termine
de cultivar
esta eterna inmadurez.
E.C.L.
Silencio
Calla.
No hables.
No digas nada.
Me bastan tus manos
calladas.
Calla.
Tu silencio grita
y no lo ahogas.
SON PALABRAS MUDAS.
Te necesito a ti.
Callada.
Sobre el tibio tálamo
YACEN
dos sienes desniveladas,
dos oasis en un desierto de piel,
dos vicios inmorales.
dos sexos orales, ancestrales.
otro que quiere eructar.
¡Calla! No expreses nada;
No le des fuego a las
palabras.
Háblame con tu mirada,
y que le absorba su
eco
tu recia y dura simetría
alada.
E.C.L.
Poema 2
Eres un prefacio
del tiempo.
Dulces letanías
que alegran estos cielos
del invierno.
De la mañana
al canto
y del canto al sonoro
suplicio de tu ausencia.
Simpleza redentora
que curten tus
recuerdos.
Eso que medita
tu dedo enllagado,
eso que no arredra
a tu temor acicateado.
La cima del viento
vierte rumores de
encanto
a tu encuentro.
La cima del cielo
recoge un sudor
de encaje
del oscuro templo.
Solo, solo y tu recuerdo
que clama tu
presencia.
de la mañana al llanto
y otra vez:
la mañana sincera
me abraza
y en sus cálidos brazos
me dejo huir
hacia las sombras.
E.C.L.
Poema 3
La botella se derrama
en tu boca
cálidos ápices de vino
y de llanto.
Este bohemio logro de
palidecer
a tu corto acecho.
No es mas (+) ni menos (-)
un cirio encendido
que en lumbre eclosiona
SUS ALIENTOS.
A su vidriosa esfera
sujeta mi sombra
le esperan:
tus dedos magullados,
tu calor encantado,
un demolido candor
maniatado.
La botella, su bohemio
vino
2 alientos, su fármaco contenido.
El tacto anillado y
subyugado,
sus símbolos percudidos.
Todo se derrama y se vierte
e inunda de la esfera
su infinito
borde demacrado.
E.C.L.
Poema 4
Me oculto para
distinguirme de los demás.
ADEMÁS.
Me ausculto con un insano
denuedo
de no evaporarme con el tiempo
y así enllagarme con sus horas;
y recogerme con su viento
y respirar de su salado
frescor
un dulzón eslabón de amor.
Me avivo más
para morir mucho más.
Me abro de ojos y pelos
también de canos infiernos
de duelos y deshoras
que atajar quieren las
sombras
de este negro día.
Sin velos ni túnica,
la muerte medirá mi vida
al fin de estas jornadas
en vaso y vino cruel en que
me embriago...
Horas tristes,
pálidas mañanas,
alegres amaneceres.
Todo lo turbio y desnudo.
¡Mi cuerpo!
Tramo debido
a mi piel
y todo su
contenido.
E.C.L.
Poema 5
El cielo se despluma
en auras.
La calle vierte su pena
sobre las sombras
diáfanas
de dunas encantadas.
Se contornea mi alma
al compas de mi cuerpo,
un revolver de sueños
se dispara sonoro.
Renovando su eco
la vida,
que se disipa
bajo la atenta mirada
de un reloj detenido.
El mar se desploma
y caen sus aguas
sobre el azul firmamento
que mide la vida
derecho y al revés.
Subo por un rayo
desbocado
hacia el perfil inédito
de las sombras.
Y una maldita muralla
de voces
ensordece mi aliento
y debilita mi cruzada
melancólica.
Un ramaje de luceros
en mi ayuda revientan
de luz.
Atonito, busco a la noche
y solo hallo del día
su crepúsculo.
Para venir, para morir,
es que nacemos
de la unión del agua
y el fuego.
Solo un cisne idiota
al que le queda un solo
vuelo
podrá surcar esta querella
de ser alba, cometa,
sombra espesa,
que diluye su fragor
en el amado continente
final
de un eclipse
total.
E.C.L.
Poema 6
La calle se ríe
de mis pasos,
el embrujo de una ventana
vacila su rubor.
La noche ladra de placer.
El cielo se crispa en papel.
Dos voces, dos latidos,
se contagian de un impulso
letal.
El cemento contiene sus
sombras,
que ebrias se desafían
y al denuedo de sus voces
dos monedas que yacen de